En Valencia, hemos disfrutado de un tiempo cálido que se ha extendido en forma extraordinaria hasta principios de noviembre. Sin embargo, sabemos que inevitablemente llegará el frío y también la lluvia, por lo que estamos preparándonos para auxiliar a las personas sin techo.

Iniciamos nuestra campaña repartiendo algunos sacos y mantas a aquellos que duermen en plazas, bajo el cielo raso, a la intemperie.

Las personas que viven en la calle necesitan permanentemente estos elementos, por las circunstancias que están viviendo. Sus pocas pertenencias las trasladan en carritos, bolsos o mochilas y no siempre pueden llevarlas. Las dejan en algún rincón, arriba de un árbol u otro espacio que sea más o menos desapercibido, pero al llegar la noche a veces ya no las tienen.

Hay momentos en que se tira todo en los contenedores. La pobreza es fea y no gustan sus efectos; gente mal vestida, sin aseo (por desconocimiento o abandono), rincones con colchones, etc. Esta realidad no gusta y ojalá no existiera.

Mitigar, en lo posible, el frío que sufren las personas que viven en la calle constituye un nivel básico de solidaridad y buena voluntad hacia quienes lo pasan mal, sea esto por una mala gestión personal o situaciones nefastas que le han llevado a ese punto. No podemos juzgar. Vemos el hecho.

Resultan más conveniente los sacos de dormir que las mantas. También entregamos cazadoras, pantalones, ropa interior, calcetas y zapatos, entre otros elementos. Necesitamos reforzar esta tarea y solicitar desde este espacio que otras personas, sin necesidad de nuestra mediación, observen en su entorno quiénes están en la calle, para que les bajen mantas o un saco y observen si requieren ropa.  Sin duda, con la implicación de más gente podremos rebajar la necesidad de abrigo y cariño de personas en situación de extrema pobreza.