Las lluvias de los últimos días y una baja en las temperaturas nos ha llevado a iniciar la entrega de mantas para las personas que viven bajo el cielo raso, a la intemperie.

También nos han solicitado cazadoras, deportivas, calcetas y ropa de abrigo porque en las calles las madrugadas son frías…La mayoría son hombres.

Se necesitan permanentemente estos elementos, por las circunstancias de vida que les lleva a no poder trasladar siempre sus pertenencias en carritos, bolsos o mochilas. Las dejan en algún rincón, arriba de un árbol u otro espacio que sea más o menos desapercibido, pero al llegar la noche a veces ya no las tienen.

Hay momentos en que se les tira todo en los contenedores. La pobreza es fea y no gustan sus efectos; gente mal vestida, sin aseo (por desconocimiento o abandono), rincones con colchones, etc. Esta realidad ojalá no existiera.

Mitigar el frío que sufren las personas que viven en la calle constituye un nivel básico de solidaridad y buena voluntad hacia quienes lo pasan mal, sea esto por una mala gestión personal o situaciones nefastas que le han llevado a ese punto. No podemos juzgar. Vemos el hecho.

Resultan más convenientes los sacos de dormir. Necesitamos reforzar esta tarea y solicitar desde este espacio que otras personas, sin necesidad de nuestra mediación, observen en su entorno quiénes están en la calle, para que les bajen mantas o un saco y observen si requieren ropa.  Sin duda, con la implicación de más gente podremos rebajar la necesidad de abrigo y cariño de personas en situación de extrema pobreza.