Stefan vivía en la calle y murió en ella a finales de enero. Hace años se movilizaba por el sector del Instituto Valenciano de Oncología (IVO) y dormía a la entrada del estacionamiento que se encuentra al lado de dicho edificio. Lo ubicaban las personas que atravesaban el parque, iban al Corte Inglés que se encuentra en la otra esquina o acudían al antiguo Hospital la Fé. Alto, ojos verdes, delgado, una figura triste, como un quijote empobrecido que alguna vez motivó la búsqueda de mejores tierras. Normalmente silencioso.
El invierno pasado lo encontramos sobre el cemento, con los ojos vidriosos y una botella de alcohol de curar heridas 96 grados vacía. Lo reanimamos. Una compañera le dio un vaso de sopa caliente cuchara a cuchara, como un niño. Él la miraba con los ojos perdidos y le tocaba su rubia cabellera como descubriendo trazos de nuevos cariños. Algunas fotos son el testigo de aquella jornada conmovedora.
Lo arropamos, se fue mejorando. Comenzó a cuidarse, a bañarse y esperarnos mejor. Se alegraba cuando nos veía y nos regalaba una sonrisa.
Era de Hungría y costaba comunicarse con él. Su historia nos recuerda la Canción Húngara de la zarzuela Alma de Dios cuya música compuso José Serrano: “Canta mendigo errante, cantos de tu niñez, ya que nunca tu patria, volverás a ver… “
Y la niñez vino en pleno a su memoria cuando en estas fiestas navideñas y de reyes le atendimos con alegres adolescentes del Grupo de Scout Alba de la Pobla de Vallbona. Nos tradujo del húngaro los saludos y frases para que las repitiéramos. Se rió de nuestra dificultad y llegamos a la conclusión de un amigo que vivió en su tierra y dijo que ese idioma es tan “endiablado” que lo creó el diablo y estando borracho.
Otro domingo se sintió enfermo, estaba decaído. Tenía frío en el alma. Se solicitó asistencia médica de emergencia. Lo atendieron puntualmente y siguió en la calle, para morir días más tardes, una fría mañana de enero. Lo supimos al día siguiente y nos embargó la tristeza. Esperábamos su decisión para el cambio, pero la resignación se le había instalado en el cuerpo y no tenía ganas de luchar.
Adiós Stefan, como la canción, tu caminar fue errante con un triste sino, sin encontrar un descanso en el camino…adiós amigo. Siento la tristeza de no haber podido cambiar tu destino y la intranquilidad de saber que como tú hay otras personas viviendo en la calle.
Carmen
Canción Húngara
Canta, mendigo errante,
cantos de tu niñez,
ya que nunca tu patria
volverás a ver.
Ya que nunca tu patria
volverás a ver.
Hungría de mis amores,
patria querida,
llenan de luz tus canciones,
mi triste vida.
Vida de inquieto
y eterno andar,
que alegro solo
con mi cantar.
Canta vagabundo,
tus miserias por el mundo,
que tu canción quizá
el viento llevará
hasta la aldea
donde tu amor está.
Canta vagabundo….
Es caminar siempre errante
mi triste sino,
sin encontrar un descanso
en mi camino.
Ave perdida,
nunca he de hallar
un nido amante
donde cantar.
Canta vagabundo…